Para
responder tomé varios puntos de vista, respaldados en primer lugar por la investigación realizada por la Dra. Ana
Inés Punta en la que expresa, a partir de los expedientes del AHPC analizados,
la argumentación del Capitán Pedro Zenteno, y por otro lado la versión aportada por el
Maestre de Campo, Don Tiburcio de Ordoñez.Poema mural en Salsacate. Muralista: Juan Danna, Ceramista: José Villasegura.
Y en segundo lugar los
hechos que relata Barrionuevo Imposti en su trabajo “La revolución comunera de
Córdoba en 1774”, Todo es Historia Nº11.
He aquí la
transcripción de algunos fragmentos:
“… Vino a suceder que el obispado nombró cura párroco para esa misma
jurisdicción, en sustitución del Dr. Tomás Tadeo Funes, al Dr. Alberto
Guerrero. Esto causó desagrado general, “ por haber quedado la feligresía muy
desabrida con él, en el tiempo que tuvo dicho curato interinamente”. Al menos
así lo sostenía el señor Isasa. Y cuando el señor Isasa decía una cosa, así
tenía que ser.
En consecuencia el
irreductible Isasa convocó a medio centenar de vecinos principales y capitanes
de milicia para que asintieran que él tenía razón: debía solicitarse la
reposición del párroco Funes. En la reunión no podía faltar el juez pedáneo don
José de Tordesillas, rico terrateniente marroquí, afincado en Las Tapias, que
integraba con Isasa el binomio de mandones de todo el talle de tras la sierra.
El obispo no les hizo
caso y mandó nomás al Padre Guerrero. Con lo que el reverendo Funes se avino a
preparar su bagaje y hacer mutis por el foro. Pero el señor Isasa no estaba
hecho a estos fracasos y le sabía a mengua no salir con la suya. Fuere, pues a
la capilla de Pocho, con sus secuaces y les preguntó sin más vueltas, señalando
al párroco Guerrero:
- ¿Qué dicen vuestras mercedes, lo reciben o
no?...
-¡No le recibimos, que cura ya tenemos!-
contestó el coro.
Entonces pasaron Isasa y su gente a la casa del
Padre Funes y le impartieron a viva voz esta menuda advertencia:
-¡Sírvase, reverendo,
no salir del curato ni por sus pies ni por los ajenos. Y es bueno que sepa que
serán penado quienes le dieren caballos o le aviaren para marchar contra
nuestra orden!
De todos modos el prudente cura preparó sus
aperos y aguijó hacia Córdoba. Pero no
le valió hacerlo; Isasa lo supo y mandó tras él al teniente Calderón con 300
milicianos, quienes después de galopar ocho leguas, lo atajaron en Guasta y lo
obligaron a desandar hacia Pocho.
Por su parte Guerrero también intentó hacer
caso omiso de Isasa y, con la ayuda del cura de San Javier, preparó una
festividad religiosa en la capilla de San Cala. Estaba la ceremonia casi al
comenzar cuando se aparece Isasa con sus cincuenta hombres y lo echa todo a
perder.
-¡Aquí no hay aleluyas! Y es mejor que su
paternidad tome las de Villa Diego o le va a pesar!...
En nuevas deliberaciones con su gente, el
Maestre de Campo—procurando ganar la batalla sin exponer su propio pellejo—les
habría hablado de que “el Común” tenía derecho a que el P. Funes fuera repuesto
en la parroquia. Y siendo “ el Común” eran todos: esto es, el pueblo … Y “vox
populi, vox Dei”.
Los milicianos se miraron maravillados unos a
los otros y la idea les supo bien; intuyendo, quizás una entumecida aspiración
de ser alguien. Por eso, invocando el nombre, respetos y decisiones del “Común”
secundaron de buen grado aquellas osadías de Isasa. Y cuando el P. Guerrero ,
muy tozudamente se empeñó en oficiar una Misa en la capilla de Pocho, se
encontró sin fieles. Fue una especie de huelga de feligreses impuesta por don
Pedro Guerra quien, al frente de 200 milicianos, se había apostado en los alrededores
del templo.
De ahí la gente se fue a los Mogotes, donde
Isasa escribió al Provisor insistiendo en que querían al susodicho Funes y no
al Guerrero de marras ni a ningún otro. Al pie de la atrevida petición firmaba…
“el Común”.
Cuando a los seis días los serranos se
reunieron en la Laguna Larga para
conocer el proveído del prelado, se hallaron con una respuesta en la que, sin
paños tibios, decíales el Provisor que eran unos sediciosos y que se habían
portado peor que infieles, motivo por el cual había de dar parte inmediatamente
al Santo Tribunal de la Inquisición.
A Isasa le puso la carne de gallina el tono
áspero del Provisor. Y como quien cubre su retirada con una cumplida
manifestación de vasallaje, se apresuró a ofrecer al Gobernador de Armas el
concurso de 200 milicianos para intervenir en una recorrida a tierra adentro,
que se estaba por realizar en el sur de la frontera.
El gobernador aceptó el ofrecimiento y 200 vecinos fueron convocados junto a la Laguna de Pocho para marchar al sur.”…
Interesante relato en el que podemos observar
cómo fueron manipulados para caer en las redes de las que deseaban salir. En
cuanto a Isasa él mismo los había
instigado hacia la rebeldía, mostrándoles el camino para hacer valer sus
derechos, “… y ahora los campesinos recogían la lección para rebelarse
contra las autoridades civiles.” que por supuesto lo incluía.
Fuente: Rebelión de “El
Común”, Pacto de los Chañares 28 de Abril
de 1774
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