Cerro Ciénaga. Fotografía: Alejandra Ferreyra.

miércoles, 24 de enero de 2024

LOS CAMINOS DEL NOROESTE CORDOBÉS 1930

               En estos tiempos, la modernidad en algunos casos, actúa como una pintura densa que tapa el pasado. El confort que nos brindan los nuevos instrumentos para comunicarnos teléfonos, medios de transporte, servicios de agua, electricidad, gas y todo lo que  envuelve el día a día de nuestra existencia.

        Desde mi apreciación tanta comodidad permitió olvidar o desconocer los sacrificios, necesidades y esfuerzos que tuvieron que enfrentar nuestros antepasados. No es que esté mal, de ningún modo, lo triste es que el olvido, tal vez en una gran mayoría, ha convertido a la humanidad en seres irreflexivos y ávidos de comodidad. Entonces la propuesta es mirar hacia el pasado para conocerlo y  valorarlo, tomándolo como punto de referencia para las acciones que la vida nos ofrezca.

           A partir de esta reflexión y mirando los cambios del entorno los invito a ubicarnos en la tercer década del siglo XX, 1930.

                  En el vuelo de hoy tomo como punto de referencia y de información la obra de la Sra. Ada María Cáceres, “Una luz en la montaña” en la que expresa el caminar por la docencia rural en los tiempos.

                   En este libro la autora relata las peripecias de su tía Sofía Vera quien en 1930 había decidido aceptar el traslado como maestra a La Sierrita, paraje del departamento Pocho ubicado entre las sierras, acompañada por su hermana María. A través del relato de sus vivencias podemos imaginarnos aquel ayer. Las protagonistas partieron en tren desde El Chamical hasta Soto quedando un largo trayecto por continuar.

EN LA MENSAJERÍA, página 20.

En la estación de ferrocarril de Soto se informaron sobre cómo llegar a Salsacate, cabecera del Dpto. Pocho. Tendrían que viajar en el furgón de correos hasta San Carlos Minas. Al día siguiente bien temprano el empleado pasó a buscarlas al hospedaje donde pernoctaron. Así, a bordo de la mensajería, recorrieron otro tramo de su largo camino

El pequeño furgón tomó rumbo al sur por un camino serpenteante entre montes y colinas. Era estrecha huella carretera abierta entre grandes quebrachos y algarrobos y otros arbustos propios de la zona.

La sombra de los árboles refrescaba por momentos el suelo del fatigoso camino. También el agradable olor a hierbas aromáticas, el armonioso canto de zorzales y cardenales, el adormecedor arrullo de las palomas torcazas, el monótono silbar de los coyuyos y el cadencioso  “gri gri, gri gri“ de las cigarras hacían agradable el entorno a las viajeras.

LA CUESTA DE LA HIGUERA, página 21.

De pronto el furgón comenzó a descender bruscamente por el sinuoso camino. Estaba llegando a La Higuera, un pueblo de muy pocos habitantes del Departamento Minas. El paisaje y la vegetación se tornaban diferentes. El temor conmovió los ánimos y sus manos se aferraron a los asientos, sentían un sudor frío apoderarse de sus cuerpos, estaban en la cuesta de La Higuera.  Las curvas hacían bambolear el pequeño vehículo y un mareo tras otro empalidecía los rostros. Todo era motivo de asombro.

En un recodo del camino un viejo algarrobo sostenía en su rugoso tronco, una, dos, tres, cruces recordando un descanso de quienes portaban a su última morada a un amigo o familiar padre, hijo o hermano. El polvo del camino envolvía por oleadas a la mensajería que, cargada de encomiendas hasta el techo, continuaba en el camino dando saltos, haciendo curvas y más curvas, marcha lentamente sin apuro. Era el tiempo de andar. Estaban llegando a San Carlos. Hasta allí nomás llegaba la mensajería.

Desde la cuesta de La Higuera 2015. Foto de la web.
Foto de la web 2015
SALSACATE, página 21

En San Carlos vivía un comerciante de apellido Frías que poseía un auto. Las viajeras le solicitaron que hiciera un viaje especial para ellas hasta Salsacate adonde llegaron al caer la tarde. Buscaron alojamiento en casa de doña Clarinda, señora muy distinguida y respetable, que solía dar albergue y pensión a los viajeros. Ella mandó a buscar un señor que tenía un sulky para que las lleve hasta Las chacras. A la mañana siguiente partieron en el carruaje con todo su equipaje. Debieron pasar por Taninga, por la Posta de Mayo y Sagrada Familia, cuando llegaron a este último lugar el señor que las conducía les hizo saber que hasta allí nomás las llevaba.

Sagrada Familia.





lunes, 8 de enero de 2024

Ciénaga de Britos, completando información.

A la nota publicada anteriormente con información brindada por Javier Portela, incorporo el aporte del genealogista Gastón Torres Vera, quien gentilmente completó y aclaró algunos datos que indudablemente fueron pasando de generación en generación a través de la historia oral.

Mi agradecimiento a los dos por este abrir puertas del pasado para reconstruir la Memoria Colectiva a partir de diferentes fuentes de información fortaleciendo la identidad de los pueblos.


APORTE DE GASTÓN TORRES VERA

Gaston Torres Vera

En realidad Martin Portela no era de Valladolid sino de Galicia, hijo de Francisco Portela y de Dominga Estevez, casó el 29/12/1818 con Petrona Gacia Isaza, nieta del Maestre de Campo José de Isaza Ayesta, vasco que fue dueño de Estancia La Candelaria. Muere en 1854 y había adquirido por herencia de su esposa y compra la mitad de la Ea. Candelaria.

Dejó 7 hijos y ninguno casó con inglés:

1) Francisco Javier que casó con Magdalena Contreras uno de cuyos hijos, Ramón, fue dueño de "Rio Ondo" y "Cienaga de Brito", casó con Margarita Guzmán, tuvo varios hijos, uno de ellos Martin Portela Guzmán el de la lápida en la capilla y falleció en 1904.

 2) Manuela casó con Nicolás Castro

3) Rosa,

4) Juliana casó con Basilio Castro,

5) Florencio casó con Macedonia Fuentes

6) Leovigilda casó con Benjamin Castro

7) Francisco Solano casó con Griselda Gómez, este fue dueño de "Cañada del Blanco" (1000 has.) y de "Chuscho Nanos" (150 has), padres del reconocido médico Benigno Portela. Solo su cuñada, hermana de su esposa, llamada Angela Gacia Isaza casó con Luis Rolandst, prisionero de las invasiones inglesas.



domingo, 7 de enero de 2024

Ciénaga de Britos en Cumbres de Gaspar.

          ¿Qué les parece si desde el lugar donde se encuentren y dispuestos a viajar con la imaginación nos preparamos para trepar las sierras cordobesas, aquí en nuestra bella Argentina?.

Para este viaje preparé la valija de las palabras con datos, sentimientos, emociones y recuerdos de un gran amigo músico y poeta Javier Portela. Con sus canciones describen no sólo el paisaje sino la vida de sus pobladores inmersos en la soledad, esa soledad que agiganta el alma, que trepa el cielo en las noches tachonadas de estrellas. Soledad vestida con los perfumes y sonidos que la exaltan.

Puesto Suárez Cometierra. Letra y música de Javier Portela.

         A muy pocos kilómetros del extremo norte de Achala, se observa en su extremo sur una nueva formación orográfica, Cumbres de Gaspar. Sus primeras estribaciones comienzan en la localidad más alta de Córdoba, sobre el nivel del mar, San Jerónimo, enclavada a la vera de la ruta provincial 28. Esta nueva formación montañosa desde su inicio se bifurca hacia el norte, a aproximadamente 25 Km de la localidad de Tala Cañada. Encuentran su mayor ensanchamiento en el paraje Ciénaga de Britos, donde se forma un valle entre ambas cumbres. Recibe el nombre de Valle de Concepción, por la Capilla de la Inmaculada Concepción que erigieron y fundaron los descendientes de Martín Portela, quien había llegado a estas serranías, vía Chile, desde Valladolid (España).

         La elevación más occidental de Cumbres de Gaspar atraviesa las localidades de Ciénaga de Britos y Cruz de Caña, e incluso tres Departamentos, Pocho, Minas y Cruz del Eje, determinando la línea divisoria de dos disímiles microclimas: al este, sierra árida de pedregal y pajonales con escasa vegetación y fauna; al oeste, sierra montosa de características del bosque chaqueño con profusa vegetación y gran variedad de fauna silvestre.

       Esta formación orográfica es también cuenca hidrográfica de una amplia red de arroyos subsidiarios de dos ríos que también tienen su afluente en estas estribaciones: Río Sauce de Los Quevedo y Río Vílchez, que, a su vez, confluyen pocos kilómetros antes de atravesar la localidad de San Carlos Minas, tras la cual vuelcan sus aguas, ya como uno solo, al cauce del Río Salsacate.

Las Cumbres de Gaspar y su Valle de Concepción son hábitat natural de una amplia variedad de aves, de pumas, chanchos del monte, liebres, vizcachas, corzuelas y serpientes y culebras, yarará, víbora de cascabel y coral.
Las casas que encontramos a considerables distancias unas de otras, fueron, o son, en su mayoría, los antiguos puestos en que se subdividió la Estancia Jesuítica La Candelaria. Sus actuales residentes son descendientes de los pioneros.

Capilla de la Concepción.

En un predio cercado con el clásico alambrado de campo, en la soledad más absoluta,   se levanta la Capilla de la Concepción. Pajonales, árboles secos, algunas taperas que conocieron tiempos de función, son su entorno inmediato. Al norte se divisa, arroyo seco de por medio, el campo santo.

Tiene planta rectangular de una sola nave. Sus paredes de horribles ladrillones sostienen un techo a dos aguas de chapa galvanizada. Una escalera exterior, permite acceder al coro alto y tocar el par de campanas de distinto sonido, alojadas en la espadaña.



Contaba Humberto Ricardo Portela, el 7 de agosto de 2009:   

           Martín Portela, su esposa Magdalena y sus tres hijas, oriundos de Valladolid, España, ingresaron a las Provincias Unidas del Río de la Plata, por Chile, a principios de la segunda década del siglo XIX. Martín compró la estancia de La Candelaria a un militar. En ella estaban los presos escoceses de las Invasiones inglesas.

           Las hijas de Portela formaron pareja con los ingleses, ya se convirtieron en peones, y tuvieron con ellos varios hijos, conservando para todos los vástagos, el apellido Portela. Entre ellos, Martín, Solano y Francisco Javier son los fundadores de la Capilla de la Concepción, que construyeron a lo largo de los años 1897 y 1898 (*), fechas grabadas en el coro alto. Sus restos descansan en la capilla.

         Se dedicaron en vida, a evangelizar a los naturales de la región. Tarea que realizó en Cerco del Sermón, cuyas ruinas se conservan en un paraje próximo a la Capilla. Aparentemente, la precariedad del oratorio que disponían los llevó a construir la actual Capilla de la Concepción, dentro de los campos de su propiedad, en el sector más elevado de un vallecito, que tomó su nombre, cerca de las Cumbres de Gaspar. Desarrollaron su catequesis a lo largo de los 37 puestos que tenía la estancia en aquel entonces.        Los ladrillones fueron quemados en hornos levantados en el lugar, al igual que la cal; la piedra utilizada corresponde a canteras cercanas. Aproximadamente a un kilómetro, al norte de la Capilla se encuentra el casco de lo que es la actual estancia de la Concepción, de arquitectura colonial y que se asienta en lo que fue uno de los principales puestos de la estancia.

Muchas gracias Javier Portela por la información.