Cerro Ciénaga. Fotografía: Alejandra Ferreyra.

viernes, 24 de abril de 2026

¿Qué los llevó a desobedecer a las autoridades que administraban el Curato de Traslasierra? ¿Cuáles eran las condiciones de vida de entonces?

Poema mural. Artista plástico Juan Danna, Ceramista Juan Villasegura. Plaza de Salsacate.

Responder a estos interrogantes no solo fortalece la memoria de este acontecimiento, sino que nos invita a mirarlo desde la reflexión. Nos desafía a tomar conciencia de las decisiones y acciones que asumimos como comunidades, siempre en transformación junto a nuestro pasado: ese que orienta el rumbo hacia el desarrollo integral de cada pueblo.

Estas preguntas guían nuestro recorrido histórico. Tenerlas presentes nos permite comprender e interpretar la realidad de los protagonistas de un suceso que, en su momento y durante mucho tiempo, permaneció sin trascendencia. No se trata de juzgar, sino de conocer las razones que impulsaron a unos y otros a actuar como lo hicieron.

Como vimos, esta rebelión formó parte de un proceso más amplio que atravesaba el Virreinato del Perú, inmerso en profundas transformaciones. A los conflictos militares se sumaban tensiones sociales y religiosas que afectaban a toda la sociedad colonial. Por ello, para comprender estos hechos, es necesario detenernos en las características de ese contexto.

Se trataba de una época de penurias, marcada por fuertes reacciones de los sectores dominantes. La sociedad colonial se estructuraba sobre una rígida jerarquía socio-étnica: españoles peninsulares y criollos ocupaban la cima, concentrando el poder político y económico, muchas veces sostenido por prácticas de nepotismo.

En la base se encontraban mestizos, indígenas, afrodescendientes y otras castas: trabajadores rurales, artesanos y mano de obra en las estancias, frecuentemente en condiciones cercanas a la servidumbre. Fueron tiempos de profundas desigualdades, en los que amplios sectores de la población quedaban relegados a los niveles más subordinados.

Características del sistema de castas

Estructura y jerarquía:

  • Españoles: peninsulares (nacidos en España) y criollos (descendientes de españoles nacidos en América).
  • Indígenas: considerados “neófitos”, organizados en sus propias repúblicas, con legislación diferenciada.
  • Mestizos: descendientes de español e indígena.
  • Castas: diversas mezclas (mulatos, zambos).
  • Negros: esclavizados o libertos, ubicados en la base de la pirámide social.

Fueron tiempos en que nuestra Patria comenzaba a gestarse entre luchas, disputas de poder y una inevitable mezcla de culturas, sangres y visiones: todo aquello que da forma a una comunidad. La esclavitud era parte del sistema, y el ejercicio del poder se manifestaba con frecuencia a través de la violencia, el desprecio y castigos sin amparo justo.

En este marco, se comprende mejor qué llevó a los transerranos a organizarse para reclamar mejores tratos y ser escuchados. Fue, en esencia, una denuncia contra las autoridades: el Maestre de Campo y el Juez Pedáneo, quienes ejercían sus funciones sin miramientos.

Sin embargo, tras la detención de los líderes de la rebelión —encarcelados en el Cabildo de Córdoba—, las autoridades denunciadas, el Juez Pedáneo don Joseph de Tordesillas y el Maestre de Campo don Joseph de Isasa, fueron restituidas en sus cargos poco tiempo después.

“La historia no siempre hace justicia en su tiempo, pero deja huellas que nos invitan a pensar el nuestro.”


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¿De dónde surgió el término El Común?

Fotomural. Artista plástico Juan Danna, Ceramista Juan Villasegura.
Capilla de Villa de Pocho

 Desde hace años venimos hablando, descubriendo e incorporando datos que van aclarando las circunstancias que movilizaron a los pobladores de Traslasierra en 1774 para rebelarse contra las autoridades virreinales. 

En entregas anteriores focalicé varios aspectos, en este caso me gustaría explayarme en el término El Común, el cual no nace en un único momento ni con un solo significado, sino que tiene una raíz larga dentro del mundo hispano y europeo.

Según los relatos de Barrionuevo Imposti fue el Maestre de Campo José de Isasa quien propuso a la gente de entonces la autodenominación que los identificaría en la contienda. Pero este termino

·         ¿Lo creó Isasa o lo trajo de otro modelo que estaba en proceso de transformación?

·     ¿“El Común” era realmente todo el pueblo o solo una parte que se arrogaba su representación?

·         ¿Es un concepto inclusivo o también excluyente (quiénes quedaban afuera: indígenas, esclavizados, mujeres)?

·         ¿Es una categoría espontánea o heredada de tradiciones políticas europeas?

·         Cuando se invoca “el común”, ¿se describe una realidad o se construye un discurso de poder?

Para intentar responder a estos interrogantes, me parece interesante recorrer tres líneas que se entrecruzan:

  1. El “común” como comunidad

En castellano antiguo, el común se refiere simplemente al conjunto de vecinos, al pueblo llano, a quienes no forman parte de las élites (nobleza, autoridades coloniales, etc.). Es decir: el común como sujeto colectivo , como “los de abajo” organizados o no.

22 2.  Tradición política hispánica

Desde la Edad Media aparecen expresiones como “procuradores del común” o “bien común” . Aquí el término ya tiene una carga política: el común no es solo la gente, sino un cuerpo con intereses legítimos que pueden ser defendidos frente al poder.

La historia nos permite recordar antecedentes que marcan el proceso:

  • Las Comunidades de Castilla (1520-1522, siglo XVI) → los “comuneros”. En este caso predomina la idea de que el poder debe responder al bien común y no solo a la autoridad.

         3. El uso en América colonial
En América, el término se reactualiza en contextos de conflicto, siendo uno de los sucesos relevantes:

  • La Revolución de los Comuneros (Paraguay  1721-1735 ) expresada a través de movimientos locales donde el común se levantó frente a abusos de autoridades

Observamos que este término ya no es solo una categoría social: se convierte en identidad política y forma de legitimación . Es el pueblo que se reconoce con derecho a actuar.

Este habría sido el mensaje que dio Isasa - según Barrionuevo Imposti - a la gente del Curato de Traslasierra, ellos como pueblo tenían derecho a reclamar, por supuesto actuando como un solo miembro. Los hechos dan cuenta de lo sucedido.

Lo cierto es que desde las Comunidades de Castilla en el siglo XVI hasta los movimientos comuneros en América, El Común aparece como una forma de identidad colectiva que legitima la acción frente a lo que se percibe como injusticia.

Ahora bien, respondiendo a las preguntas del comienzo, todo indica que el término puesto en consideración no solo describe una realidad social, sino que también la construye, la nombra y le otorga sentido en momentos de tensión y transformación.

Desde esta perspectiva, Barrionuevo Imposti introduce una matiz que complejiza la interpretación: sostiene que fue el Maestre de Campo José de Isasa quien instigó a los pobladores a rebelarse, induciéndolos incluso a asumirse como El Común. .

Esta mirada desplaza el eje desde una acción espontánea del pueblo hacia una posible conducción interesada, donde la categoría no emergería de manera genuina sino como parte de una estrategia. Sin embargo, aun si se acepta esta hipótesis, cabe preguntarse si una denominación impuesta puede sostenerse sin algún grado de reconocimiento por parte de quienes la encarnan.

¿Puede alguien asumirse como común sin compartir, al menos en parte, los motivos de la acción? Tal vez, más que anularse, ambas dimensiones —la incitación y la apropiación— conviven en un mismo proceso, invitándonos a pensar que los sujetos históricos no solo son movilizados, sino que también reinterpretan, resignifican y hacen propia la palabra que los nombra.

En este cruce de miradas, la pregunta permanece abierta y vigente:

·         ¿Fue El Común una voz auténtica del pueblo o una construcción inducida en un contexto de disputa?

·         ¿Hasta qué punto las comunidades actúan por sí mismas y hasta qué punto son guiadas por intereses que las exceden?

Tal vez la clave no esté en elegir una única respuesta, sino en reconocer que la historia se teje en esas zonas de tensión, donde las palabras —como El Común— no solo nombran a los sujetos, sino que también los convocan, los moldean y los ponen en movimiento.

Y es allí, en ese espacio entre la voz propia y la voz inducida, donde se vuelve necesario detenernos a pensar qué decisiones seguimos tomando hoy, como comunidad, cuando creemos hablar en nombre de todos los demás.


La revolución comunera de Córdoba de 1774. Barrionuevo Imposti, página 55


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martes, 21 de abril de 2026

¿ Los transerranos fueron los primeros en sublevarse desde la llegada de los conquistadores?

Poema mural. Plaza de Nono. Artista Plástico Juan Danna. Ceramista. Juan Villasegura. 

En la entrega anterior analizamos los términos que suelen emplearse para describir las distintas formas de disconformidad entre grupos sociales: levantamiento, sublevación y revolución. Cada uno de ellos encierra matices que nos permiten comprender mejor la naturaleza de los conflictos.

En esta oportunidad, resulta pertinente recorrer —de manera sintética— algunas de las contiendas que tuvieron lugar en el ámbito del Virreinato del Perú a lo largo del siglo XVIII. Este panorama nos permitirá situar, en un contexto más amplio, los acontecimientos de 1774 que hoy nos convocan a la reflexión.

Lejos de constituir un hecho aislado, las tensiones y sublevaciones formaron parte de una dinámica más amplia que atravesaba a la sociedad colonial. Diversos estudios señalan que, hacia fines del período, comenzaba a manifestarse una creciente crisis en el sistema de milicias. Tal como indica Eduardo R. Seguier, estas estructuras estaban atravesadas por profundas desigualdades: mientras la tropa se componía de indígenas encomendados, mercenarios e incluso esclavos de origen africano, la oficialidad se sostenía en un conjunto de cargos muchas veces honoríficos, ligados al prestigio social más que a la experiencia militar.

En esta línea, autores como Roberts (1938) y Halperín Donghi (1979) vinculan el debilitamiento del sistema militar con el surgimiento de una conciencia criolla, que se consolidaría a comienzos del siglo XIX tras las invasiones inglesas en Buenos Aires. Sin embargo, cabe preguntarse si estos conflictos no tenían ya raíces más profundas, asociadas al proceso de criollización de la sociedad colonial.

Las disputas se hacían visibles en múltiples planos: los ascensos, los premios, la asignación de destinos, el acceso a cargos y, especialmente, en el control del comercio y los recursos en las zonas de frontera. Se configuraba así una tensión constante entre las milicias locales y el ejército regular, este último integrado en gran medida por tropas peninsulares y vinculado a los intereses de la élite colonial.

En este contexto general, el siglo XVIII fue escenario de diversas rebeliones y conflictos, entre los que podemos mencionar:

  • Las sublevaciones indígenas en los Valles Calchaquíes.
  • La Rebelión de los Comuneros de Asunción (1721-1735).
  • Las Guerras Guaraníticas (1754-1756), protagonizadas por los pueblos guaraníes frente a las disposiciones coloniales.
  • Distintos levantamientos de carácter local en Corrientes y regiones vecinas durante la década de 1760.
  • Las tensiones derivadas de las levas forzosas en territorios como Catamarca, La Rioja y Córdoba, donde los pobladores eran incorporados compulsivamente a las milicias ante la falta de pago a las tropas regulares.

A estos conflictos se suman medidas como la orden del Cabildo de Buenos Aires, en 1753, que dispuso el alistamiento de negros y libertos para ser enviados a las Misiones con el objetivo de sofocar las rebeliones indígenas. Este tipo de disposiciones revela no solo la magnitud de los conflictos, sino también la complejidad social de las fuerzas involucradas.

Es en este entramado de tensiones donde deben inscribirse los sucesos ocurridos en 1774 en el Curato de Traslasierra. Allí, en una región de frontera custodiada por milicias locales, los pobladores se sublevaron contra las autoridades designadas por el Cabildo de Córdoba, dando lugar a un episodio que, lejos de ser excepcional, dialoga con una serie de resistencias previas.

Comprender este contexto nos permite dimensionar el alcance de aquella sublevación: no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso más amplio, en el que distintos sectores de la sociedad colonial comenzaron a cuestionar las formas de autoridad, organización y control impuestas desde el poder.


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lunes, 20 de abril de 2026

Conversatorio "RAÍCES QUE DIALOGAN: VOCES DE LOS CHAÑARES", en el marco del Día del Pueblo de Villa de Pocho.


 

¿Qué llevó a los transerranos de 1774 a rebelarse?

            En este tramo, mientras nos preparamos para conmemorar los 252 años de la firma del Pacto de los Chañares, surgen preguntas que nos invitan a interpretar la decisión de aquellos aguerridos pobladores de la campaña que se atrevieron a rebelarse.

Pero antes, es necesario detenernos en una cuestión clave:
¿Fue una revolución, un levantamiento, una sublevación o una revuelta?

Al adentrarnos en la historia de la conquista y la colonización, encontramos numerosos episodios en el Virreinato del Perú caracterizados por el desafío al orden establecido. De allí surgen términos como levantamiento, rebelión y revolución, que si bien suelen usarse como sinónimos, no significan exactamente lo mismo.

La diferencia radica en su alcance y objetivo:
— El levantamiento o alzamiento es una protesta espontánea y localizada.
— La rebelión implica organización y oposición directa a la autoridad.
— La revolución busca un cambio profundo y estructural del sistema social, político o económico.

A partir de esta distinción, podemos observar que a comienzos de marzo de 1774 se registraron los primeros incidentes vinculados al rechazo del nuevo Cura y Vicario. Con el correr de los días, el conflicto se intensificó hasta que, ya organizados, en los primeros días de abril los pobladores se rebelaron.

Tomaron prisionero, en primer lugar, al Maestre de Campo. El Cabildo reaccionó enviando el 14 de abril a Ordóñez como mediador para sofocar la contienda. Desde el 23 de abril se sucedieron intercambios de mensajes escritos. Ante la falta de respuesta, tomaron prisionero al Juez Pedáneo, hasta que finalmente el acuerdo se concretó el 28 de abril.

Sin embargo, el Cabildo rechazó dicho pacto y envió al ejército. El 22 de julio fue destituido el Sargento Quevedo junto a sus pares, quienes iniciaron un nuevo intento: llegar a Córdoba para hacer oír su voz. El 5 de agosto arribaron a La Tablada y, dos días después, cuando un grupo se presentó ante el Cabildo, fueron apresados ​​los principales líderes de la sublevación.

A partir de entonces, el levantamiento quedó desarticulado y cayó en el olvido hasta mediados del siglo XX, cuando fue recuperado por el importante trabajo de Barrionuevo Imposti. Con el tiempo, este hecho fue abordado por diversos historiadores, entre ellos Ana Inés Punta, Eduardo R. Saguier, Raquel Maggi y Gladys Acevedo, entre otros.

Llegados a este punto, los invitamos a retomar la pregunta inicial y a construir sus propias interpretaciones.

Para profundizar en este acontecimiento histórico transerrano, pueden solicitar el trabajo de Gladys Acevedo, donde también se analiza su repercusión en Ischilín.


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domingo, 19 de abril de 2026

Basílica Nuestra Señora de los Dolores. Villa Dolores, Departamento San Javier, Prov. de Córdoba.

IDENTIDAD POCHANA continuando con la búsqueda y difusión de trabajos que nos hablan de la historia de la región de Traslasierra  tiene el honor de transcribir la nota de  Federico Fernández quien publicó recientemente en Córdoba de Antaño.
Muchísimas gracias por ser parte de la recuperación de la historia de la región.

Basílica Nuestra Señora de los Dolores

Catalogada como Patrimonio Histórico Municipal desde el 8/9/1996, por ordenanza N°722. Como Basílica Menor por el Vaticano desde el 24 /01/2011(*1). Y declarada recientemente Santuario Diocesano en 2026, este templo trasciende su función religiosa para convertirse en un monumento de notable valor histórico, arquitectónico, y como un pilar fundamental no solo en el paisaje urbano de Villa Dolores, sino también en la memoria afectiva de su comunidad.

• Contexto y materialización, una historia de fe:

La historia de esta basílica es un testimonio de la perseverancia de la comunidad de Villa Dolores.

• Collage 1) • Mapa de 1869 Carte Provinces Cordova et San-LuisLevantado por Martin-MoussyRecorte Depto. San Javier. + • 1905. Mapa Provincia de Córdoba. Ing. Ulrico GreinerPublicado por IDECOR.

El 21 de abril de 1853, fundaba Villa Dolores el gobernador Alejo del Carmen Guzmán. En ese mismo año 1853, en el paraje aún conocido como Paso del León, la vecina (fe de bautismo en San Javier) Justa Ramona Arias de Cabrera y Castellano, a sus 56 años, donó varias manzanas para la fundación del poblado y el predio donde se construyó el primer templo. Así lo recuerda una placa memorial en la Plaza Mitre.

Tres años después, un 26 de mayo de 1856 se colocó la piedra basal de la capilla, con el empeño del Pbro. Juan Vicente Brizuelaquien la inauguró el 8 de diciembre de 1858Bajo la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, dio el nombre a la localidad. Por el terremoto de Mendoza en 1861, fue severamente dañada, lo que obligó a su demolición y reconstrucción. (Ver “Carte provinces Cordova et San Luis. Levantado por Martin Moussymapa de 1869, recortado al sector, ya con el nombre de las localidades.

Tuvo como pastor al Cura Gaucho, entre 1870 y 1872, quien asumió la tarea de atender a la comunidad dejando su huella en la región, y marcando su conexión con la incipiente comunidad de Nuestra Señora de los Dolores, hace más de 150 años.

El templo actual se fue completando por etapas, inaugurando su torre y nave sur en 1879 y finalizando la torre norte en 1890.

El crecimiento de la feligresía llevó a la creación formal de la parroquia en 1921 consolidando la presencia de la iglesia en la zona y dos décadas después, en 1940 se inauguró el templo actual cuya arquitectura y simbolismo lo convirtieron en un punto de referencia para los fieles.

 • Collage 2) • Torres de la Iglesia de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, álbum familiar, 25 diciembre 1960. + • Año 1959. Desde Calle Belgrano, Iglesia de Villa Dolores. Autor desconocido.

• Collage 3) • Año 1977. Fotos de la torre caída en el patio lateral sur de la iglesia. Gentileza Walter Bort. Publicación de Mónica Asís del grupo “Soy de Villa Dolores” + • 2026. Cúpula y linterna, aspecto actual

Sin embargo, los desafíos no terminaron ahí. El violento terremoto de Caucete, ocurrido el 23 de noviembre de 1977, provocó el derrumbe de la parte superior de la torre sur, cayendo pesadamente sobre el pavimento del atrio, una herida visible que marcó la memoria colectiva de la ciudad y requirió una nueva restauración.

La iglesia conserva los restos de obispos, uno de ellos fue quien ordenó sacerdote al Papa Francisco. (Jorge Mario Bergoglio fue ordenado en 1969 por el dolorense, arzobispo Ramón José Castellano), el mero hecho de que esta historia circule demuestra la profunda conexión y el orgullo que la comunidad siente por su basílica.

• Su imagen exterior:

• Collage 4) • Fachada este + • Interior. Portal de ingreso a la nave central, actual de mi autoría. + • 1964. Foto de Primera Comunión de Guillermo y Federico Fernández Torres, en la iglesia de la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, álbum familiar, 6 enero 1964.

Desde el exterior, la iglesia proyecta una imagen imponente, su aspecto y atractivo estilo neoclásico italiano, de planta de forma basilical tiene de tres naves.

La fachada “Paladiana” adelanta un nártex prismático, perforado con un vano frontal y sendos laterales terminados en arcos de medio punto y flanqueados por un juego de pilastras jónicas. Por encima cierra en entablamento de doble cornisa moldurada para culminar en un frontis triangular, presidido por una imagen de la Virgen María en mármol de Carrara, original de Italia.

El siguiente plano vertical, incorpora los portales de ingreso laterales en madera maciza, y por encima luceras circulares, conformando el basamento a dos imponentes torres. Estas flanquean al cierre semicircular de la bóveda de cañón corrido de la nave mayor. Ambas torres, perforadas en sus cuatro orientaciones por vanos campanarios adintelados en arcos semicirculares, se terminan con tímpanos triangulares. Por dentro de esos enmarques se elevan sendas cúpulas de casquetes algo apuntados y nervados, culminadas en linternas.

• Su interior:

Ofreciendo un ambiente acogedor y sencillo, se transita por un solado de mosaicos calcáreos grises con siluetas celestes y sienas, girados de a cuatro, formando figuras circulares. En el ingreso se destaca un rosetón de 2,80m x 2,80 m. encerrado en guardas perimetrales torzadas, donde los mosaicos se resaltan en un adornado cuatri lóbulo, cuyo centro es una estrella de ocho puntas, de altos coloridos, dentro de un círculo blanco.

Su nave central abovedada de cañón corrido, se asienta sobre una importante cornisa moldurada conclusión de sus muros laterales. Cinco aventanamiento circulares por cada costado iluminan al recinto. A partir de otra línea de cornisa corrida inferior, se desarrollan otras tantas arcadas apoyadas en pesadas columnas cuadrangulares, que dan paso a sus naves laterales.

• Collage 5) • El foco visual es el retablo principal netamente palladiano: está realizado en madera maciza de cedro lustrado al natural, con las hornacinas laterales de San José y de la Virgen del Carmen. En su eje central sobresale la preciosa imagen vestida de Nuestra Sra. de los Dolores. Y en el coronamiento la imagen alegórica del Sagrado Corazón de Jesús. fotografía reciente de mi autoría.

Collage 5

Por delante un tabernáculo en mármol blanco de Carrara sobre basamento con cuatro columnitas veteadas de negro y entrepaños rosados. Por encima un templete de columnas torzadas en ónix, coronado con la figura del Cordero, para cubrir a un crucifijo y al Santísimo Sagrario que porta la leyenda “Panis Angelicus”. Flanqueado por dos ángeles iluminados sobre pedestales. Se antecede el altar celebratorio, en similar estilo y materiales.

Las naves menores tienen altares secundarios para veneración de otras imágenes, entre estas el del Sagrado Corazón de Jesús, y desde hace poco entronizada la imagen del Santo Cura Brochero, para alegría de la feligresía, quienes la consideran una de las Iglesias más valoradas y mejor conservadas de la región, con un contenido sencillo, pero de gran relevancia.

• La imagen de la Virgen de los Dolores:

¿Cómo se vestía a la imagen de Nuestra Sra. en el S. XIX?

Existió una uniformidad en las dolorosas españolas durante esa época en la que se vestían según los cánones de las viudas en la corte española desde el S.XVI. La imagen se arropaba con manto y sayas de terciopelo negro, la típica estampa de la Dolorosa española en esos tiempos. Este atuendo se disponía del siguiente modo: Las sayas negras iban sobre otra prenda que daba forma acampanada, y que quedaba ceñida a la cintura. Cubría todo el vestido una larga mantilla blanca que se colocaba en la cabeza de la imagen, bajando sobre los hombros. Sobre estos caía una estola negra y quedaba la figura cubierta por el magnífico manto negro, como solían usar las mujeres enlutadas.

• Collage 6) • En esta imagen Dolorosa, cuyo rostro y las manos fueron traídos a lomo de mula desde Santa Rita de Catuña (La Rioja) por el Pbro. J. V. Brizuela, más propia del S.XIX, todo el contorno de la figura es más grácil, el manto está rodeado por una ráfaga bordada de cordón con hilado de oro recorriendo el contorno de esa prenda. Sus manos rozan la capa y la cabeza aparece ostentando una corona de doce estrellas que indica su realeza y santidad. Por delante del vestuario, la saya porta unos ramilletes de flores y hojas en dorado y plata, los mismos motivos se repiten en el bajo de su manto. En su pecho, un corazón figurado en lámina de plata atravesado por una daga, representando los siete dolores de la vida de Nuestra Señora (*2) .Esta imagen vestida y engalanada preside las procesiones en su día festivo los 15 de setiembre.

Placa alusiva en el nártex que reza: Templo Parroquial, Patrimonio Histórico Municipal, por ordenanza N°722. Pueblo y Gobierno de Villa Dolores, 8/9/1996

Collage 6)
Fuentes de consulta:

1) (*1). En la placa conmemorativa del nártex de la iglesia se lee: “BASÍLICA MENOR por el sumo pontífice Benedicto XVI el 24 de enero de 2011. Solemnizó este honroso título el nuncio apostólico excelentísimo y reverendísimo monseñor Adriano Bernardini, el 3 de septiembre de 2011. Siendo obispo de la diócesis Cruz del Eje el excelentísimo y reverendísimo monseñor Santiago Olivera y párroco del templo presbítero Daniel Santiago Peralta”.

2) (*2). La profecía de Simeón (Lc. 2, 22' 35) / La persecución de Herodes y la huida a Egipto (Mt. 2, 13-15) / Jesús perdido en el Templo, por tres días (Lc. 2, 41-50) / María encuentra a Jesús, cargado con la Cruz (Vía Crucis, 4.ª estación) / La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor (Jn. 19, 17-30) / María recibe en sus brazos, a Jesús bajado de la Cruz (Mc. 15, 42-46) / La sepultura de Jesús (Jn. 19, 38-42).

3) “Familias de Traslasierra. Jurisdicción de Córdoba”. Rafael M. Castellano Sáenz Cavia. 1969. pág. 23.

4) Indumentaria y traslación geográfica de la viudedad”. AGENART. Enero 2024. Autora: Marina Sánchez Montero

5) Basílica Ntra. Sra. de los Dolores, de la Localidad cordobesa de Villa Dolores, perteneciendo a la Diócesis de Cruz del Eje. Web.

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