Identidad Pochana
Proyecto Cultural Independiente. Un espacio abierto a la memoria, la historia y las voces del oeste cordobés y Traslasierra. Desde 2007, difundiendo, rescatando y compartiendo relatos que nos nombran. “Historias que nos nombran.”
martes, 28 de abril de 2026
domingo, 26 de abril de 2026
Conversatorio "RAÍCES QUE DIALOGAN: VOCES DE LOS CHAÑARES" 25 de abril de 2026
El pasado 25 de abril, la histórica Capilla de
Villa de Pocho se llenó de luz con el eco de las voces que se sumaron a la
actividad programada. Durante dos horas, se tejió un retazo de la historia de
esta región, tantas veces olvidada, pero que hoy se despliega serena e
incansable, con los latidos de la gente del ayer y del presente.
Tal como había sido programado, la convocatoria al conversatorio “Raíces que dialogan: voces de los chañares” se realizó con total éxito. Los invitados pudieron estrechar vínculos con los participantes, quienes llegaron desde distintos lugares para sumarse a este importante evento cultural.
Integrantes de las Juntas Municipales de Villa
Dolores y Nono, medios de difusión como Traslasierra Cuentamuestra y Radio Comechingones,
junto a amigos de zonas aledañas, compartieron los saberes de los invitados con
intervenciones enriquecedoras, sumando datos, interrogantes y diversas
posturas, en el espíritu propio de todo conversatorio.
La jornada se abrió con las palabras de bienvenida
y agradecimiento de la jefa comunal, Lic. Melisa Oviedo, quien recordó
brevemente los 12 años transcurridos desde que el Grupo Solidario Compromiso
Pochano iniciara el proyecto de recuperación y valoración de esta fecha tan
simbólica para la región.
La propuesta de aquel entonces fue conmemorar este
hecho histórico cada 28 de abril en esta localidad, ya que en aquellos tiempos
la Capilla de Pocho funcionaba como parroquia del Curato de Traslasierra. Hoy,
las celebraciones se realizan en el marco del Día del Pueblo de Villa de Pocho,
jornada elegida por la comunidad para desplegar a los cuatro vientos las
particularidades que la identifican.
Seguidamente, Gladys Acevedo, moderadora del
evento, presentó a los invitados, dando inicio a las exposiciones con Erik
Rojas, naguan de la Comunidad Indígena “La Unión”.
Dado que el objetivo del encuentro fue proponer una mirada sobre el contexto sociocultural de 1774, con la intención de interpretar la reacción de los pobladores del Curato de entonces, Erik Rojas compartió sus saberes referidos a la producción textil en la época colonial. Además de describir los insumos y herramientas utilizados por sus ancestros, puso el acento en los sufrimientos y exigencias que les fueron impuestos, cercenando explícitamente la expresión artística de los pueblos transerranos. El auditorio, profundamente interesado, formuló preguntas que fueron respondidas por el expositor.
A continuación, la licenciada Raquel Maggi residente
en Córdoba capital. profundizó sobre uno de los reclamos que El Común incluyó
en los ocho puntos del petitorio del 28 de abril de 1774: el estanco del
tabaco. Este sistema de monopolio sobre la producción, distribución y venta
había sido establecido por la Corona española desde el siglo XVII (1636) para
asegurar ingresos al Rey. Al finalizar su exposición, el auditorio tuvo la
oportunidad de realizar preguntas que fueron respondidas por la licenciada.
Para cerrar, el Sr. Christian Basso Brondo, residente en Capital Federal, tomó la palabra. Su intervención se centró en la genealogía, ya que su trabajo está orientado al esclarecimiento de sus antepasados, en este caso, enfocado en la posible participación de su familia en el levantamiento de Traslasierra. Inició su exposición presentando una copia del acta de matrimonio de Mariano Brondo y Petrona Brito, celebrada en la Capilla de Las Palmas el 14 de octubre de 1774. Quedaron planteados nuevos interrogantes, abriendo caminos de investigación para visibilizar el accionar de quienes conformaron El Común. Surgió así la necesidad de generar encuentros más frecuentes que permitan reconstruir la memoria de manera colectiva.
El conversatorio se consolidó como un espacio propicio para el intercambio, no solo de saberes, sino también de inquietudes y de la necesidad de difundir tantas historias olvidadas u ocultas de la región de Traslasierra.
Al finalizar, la jefa comunal, Lic. Melisa Oviedo,
junto a su colaboradora, Prof. Laura Retes, entregaron certificados de
reconocimiento a los presentes por la labor cultural que realizan, agradeciendo
su participación y el compromiso sostenido a lo largo del tiempo.
Cuando la
tarde comenzó a apagarse, la Capilla quedó envuelta en otra densidad. Tal vez,
entre sus muros, las voces de otros tiempos se mezclaron con las del presente.
Tal vez, como un susurro, algo de todo lo dicho quedó resonando.
Porque
hay memorias que no se guardan: se despiertan.
y a ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.
viernes, 24 de abril de 2026
¿Qué los llevó a desobedecer a las autoridades que administraban el Curato de Traslasierra? ¿Cuáles eran las condiciones de vida de entonces?
| Poema mural. Artista plástico Juan Danna, Ceramista Juan Villasegura. Plaza de Salsacate. |
Responder a estos interrogantes no solo fortalece la memoria de este acontecimiento, sino que nos invita a mirarlo desde la reflexión. Nos desafía a tomar conciencia de las decisiones y acciones que asumimos como comunidades, siempre en transformación junto a nuestro pasado: ese que orienta el rumbo hacia el desarrollo integral de cada pueblo.
Estas preguntas guían nuestro recorrido histórico. Tenerlas presentes nos permite comprender e interpretar la realidad de los protagonistas de un suceso que, en su momento y durante mucho tiempo, permaneció sin trascendencia. No se trata de juzgar, sino de conocer las razones que impulsaron a unos y otros a actuar como lo hicieron.
Como vimos, esta rebelión formó parte de un proceso más amplio que atravesaba el Virreinato del Perú, inmerso en profundas transformaciones. A los conflictos militares se sumaban tensiones sociales y religiosas que afectaban a toda la sociedad colonial. Por ello, para comprender estos hechos, es necesario detenernos en las características de ese contexto.
Se trataba de una época de penurias, marcada por fuertes reacciones de los sectores dominantes. La sociedad colonial se estructuraba sobre una rígida jerarquía socio-étnica: españoles peninsulares y criollos ocupaban la cima, concentrando el poder político y económico, muchas veces sostenido por prácticas de nepotismo.
En la base se encontraban mestizos, indígenas, afrodescendientes y otras castas: trabajadores rurales, artesanos y mano de obra en las estancias, frecuentemente en condiciones cercanas a la servidumbre. Fueron tiempos de profundas desigualdades, en los que amplios sectores de la población quedaban relegados a los niveles más subordinados.
Características del sistema de castas
Estructura y jerarquía:
- Españoles: peninsulares (nacidos en España) y criollos (descendientes de españoles nacidos en América).
- Indígenas: considerados “neófitos”, organizados en sus propias repúblicas, con legislación diferenciada.
- Mestizos: descendientes de español e indígena.
- Castas: diversas mezclas (mulatos, zambos).
- Negros: esclavizados o libertos, ubicados en la base de la pirámide social.
Fueron tiempos en que nuestra Patria comenzaba a gestarse entre luchas, disputas de poder y una inevitable mezcla de culturas, sangres y visiones: todo aquello que da forma a una comunidad. La esclavitud era parte del sistema, y el ejercicio del poder se manifestaba con frecuencia a través de la violencia, el desprecio y castigos sin amparo justo.
En este marco, se comprende mejor qué llevó a los transerranos a organizarse para reclamar mejores tratos y ser escuchados. Fue, en esencia, una denuncia contra las autoridades: el Maestre de Campo y el Juez Pedáneo, quienes ejercían sus funciones sin miramientos.
Sin embargo, tras la detención de los líderes de la rebelión —encarcelados en el Cabildo de Córdoba—, las autoridades denunciadas, el Juez Pedáneo don Joseph de Tordesillas y el Maestre de Campo don Joseph de Isasa, fueron restituidas en sus cargos poco tiempo después.
“La historia no siempre hace justicia en su tiempo, pero deja huellas que nos invitan a pensar el nuestro.”
y a ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.
¿De dónde surgió el término El Común?
| Fotomural. Artista plástico Juan Danna, Ceramista Juan Villasegura. Capilla de Villa de Pocho |
En entregas anteriores focalicé varios aspectos, en este caso me gustaría explayarme en el término El Común, el cual no nace en un único momento ni con un solo significado, sino que tiene una raíz larga dentro del mundo hispano y europeo.
Según los relatos de Barrionuevo Imposti fue el Maestre de Campo José de Isasa quien propuso a la gente de entonces la autodenominación que los identificaría en la contienda. Pero este termino
·
¿Lo creó Isasa o lo trajo de otro modelo que estaba en proceso de transformación?
· ¿“El Común” era realmente todo el pueblo o solo una parte que se arrogaba su representación?
·
¿Es un concepto inclusivo o también excluyente (quiénes quedaban afuera: indígenas, esclavizados, mujeres)?
·
¿Es una categoría espontánea o heredada de tradiciones políticas europeas?
· Cuando se invoca “el común”, ¿se describe una realidad o se construye un discurso de poder?
Para intentar responder a estos interrogantes, me parece interesante recorrer tres líneas que se entrecruzan:
- El “común” como comunidad
En castellano antiguo, el común se refiere simplemente al conjunto de vecinos, al pueblo llano, a quienes no forman parte de las élites (nobleza, autoridades coloniales, etc.). Es decir: el común como sujeto colectivo , como “los de abajo” organizados o no.
22 2. Tradición política hispánica
Desde la Edad Media aparecen expresiones como “procuradores del común” o “bien común” . Aquí el término ya tiene una carga política: el común no es solo la gente, sino un cuerpo con intereses legítimos que pueden ser defendidos frente al poder.
La historia nos permite recordar antecedentes que marcan el proceso:
- Las Comunidades de Castilla (1520-1522, siglo XVI) → los “comuneros”. En este caso predomina la idea de que el poder debe responder al bien común y no solo a la autoridad.
- La Revolución de los Comuneros (Paraguay 1721-1735 ) expresada a través de movimientos locales donde el común se levantó frente a abusos de autoridades
Observamos que este término ya no es solo una categoría social: se convierte en identidad política y forma de legitimación . Es el pueblo que se reconoce con derecho a actuar.
Este habría sido el mensaje que dio Isasa - según Barrionuevo Imposti - a la gente del Curato de Traslasierra, ellos como pueblo tenían derecho a reclamar, por supuesto actuando como un solo miembro. Los hechos dan cuenta de lo sucedido.
Lo cierto es que desde las Comunidades de Castilla en el siglo XVI hasta los movimientos comuneros en América, El Común
aparece como una forma de identidad colectiva que legitima la acción frente a lo que se percibe como injusticia.
Ahora bien, respondiendo a las preguntas del comienzo, todo indica que el término puesto en consideración no solo describe una realidad social, sino que también la construye, la nombra y le otorga sentido en momentos de tensión y transformación.
Desde esta perspectiva, Barrionuevo Imposti introduce una matiz que complejiza la interpretación: sostiene que fue el Maestre de Campo José de Isasa quien instigó a los pobladores a rebelarse, induciéndolos incluso a asumirse como El Común. .
Esta mirada desplaza el eje desde una acción espontánea del pueblo hacia una posible conducción interesada, donde la categoría no emergería de manera genuina sino como parte de una estrategia. Sin embargo, aun si se acepta esta hipótesis, cabe preguntarse si una denominación impuesta puede sostenerse sin algún grado de reconocimiento por parte de quienes la encarnan.
¿Puede alguien asumirse como común sin compartir, al menos en parte, los motivos de la acción? Tal vez, más que anularse, ambas dimensiones —la incitación y la apropiación— conviven en un mismo proceso, invitándonos a pensar que los sujetos históricos no solo son movilizados, sino que también reinterpretan, resignifican y hacen propia la palabra que los nombra.
En este cruce de miradas, la pregunta permanece abierta y vigente:
·
¿Fue El Común una voz auténtica del pueblo o una construcción inducida en un contexto de disputa?
· ¿Hasta qué punto las comunidades actúan por sí mismas y hasta qué punto son guiadas por intereses que las exceden?
Tal vez la clave no esté en elegir una única respuesta, sino en reconocer que la historia se teje en esas zonas de tensión, donde las palabras —como El Común— no solo nombran a los sujetos, sino que también los convocan, los moldean y los ponen en movimiento.
Y es allí, en ese espacio entre la voz propia y la voz inducida, donde se vuelve necesario detenernos a pensar qué decisiones seguimos tomando hoy, como comunidad, cuando creemos hablar en nombre de todos los demás.
| La revolución comunera de Córdoba de 1774. Barrionuevo Imposti, página 55 |
ya ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.
martes, 21 de abril de 2026
¿ Los transerranos fueron los primeros en sublevarse desde la llegada de los conquistadores?
| Poema mural. Plaza de Nono. Artista Plástico Juan Danna. Ceramista. Juan Villasegura. |
En la entrega anterior analizamos los términos que suelen emplearse para describir las distintas formas de disconformidad entre grupos sociales: levantamiento, sublevación y revolución. Cada uno de ellos encierra matices que nos permiten comprender mejor la naturaleza de los conflictos.
En esta oportunidad, resulta pertinente recorrer —de manera sintética— algunas de las contiendas que tuvieron lugar en el ámbito del Virreinato del Perú a lo largo del siglo XVIII. Este panorama nos permitirá situar, en un contexto más amplio, los acontecimientos de 1774 que hoy nos convocan a la reflexión.
Lejos de constituir un hecho aislado, las tensiones y sublevaciones formaron parte de una dinámica más amplia que atravesaba a la sociedad colonial. Diversos estudios señalan que, hacia fines del período, comenzaba a manifestarse una creciente crisis en el sistema de milicias. Tal como indica Eduardo R. Seguier, estas estructuras estaban atravesadas por profundas desigualdades: mientras la tropa se componía de indígenas encomendados, mercenarios e incluso esclavos de origen africano, la oficialidad se sostenía en un conjunto de cargos muchas veces honoríficos, ligados al prestigio social más que a la experiencia militar.
En esta línea, autores como Roberts (1938) y Halperín Donghi (1979) vinculan el debilitamiento del sistema militar con el surgimiento de una conciencia criolla, que se consolidaría a comienzos del siglo XIX tras las invasiones inglesas en Buenos Aires. Sin embargo, cabe preguntarse si estos conflictos no tenían ya raíces más profundas, asociadas al proceso de criollización de la sociedad colonial.
Las disputas se hacían visibles en múltiples planos: los ascensos, los premios, la asignación de destinos, el acceso a cargos y, especialmente, en el control del comercio y los recursos en las zonas de frontera. Se configuraba así una tensión constante entre las milicias locales y el ejército regular, este último integrado en gran medida por tropas peninsulares y vinculado a los intereses de la élite colonial.
En este contexto general, el siglo XVIII fue escenario de diversas rebeliones y conflictos, entre los que podemos mencionar:
- Las sublevaciones indígenas en los Valles Calchaquíes.
- La Rebelión de los Comuneros de Asunción (1721-1735).
- Las Guerras Guaraníticas (1754-1756), protagonizadas por los pueblos guaraníes frente a las disposiciones coloniales.
- Distintos levantamientos de carácter local en Corrientes y regiones vecinas durante la década de 1760.
- Las tensiones derivadas de las levas forzosas en territorios como Catamarca, La Rioja y Córdoba, donde los pobladores eran incorporados compulsivamente a las milicias ante la falta de pago a las tropas regulares.
A estos conflictos se suman medidas como la orden del Cabildo de Buenos Aires, en 1753, que dispuso el alistamiento de negros y libertos para ser enviados a las Misiones con el objetivo de sofocar las rebeliones indígenas. Este tipo de disposiciones revela no solo la magnitud de los conflictos, sino también la complejidad social de las fuerzas involucradas.
Es en este entramado de tensiones donde deben inscribirse los sucesos ocurridos en 1774 en el Curato de Traslasierra. Allí, en una región de frontera custodiada por milicias locales, los pobladores se sublevaron contra las autoridades designadas por el Cabildo de Córdoba, dando lugar a un episodio que, lejos de ser excepcional, dialoga con una serie de resistencias previas.
Comprender este contexto nos permite dimensionar el alcance de aquella sublevación: no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso más amplio, en el que distintos sectores de la sociedad colonial comenzaron a cuestionar las formas de autoridad, organización y control impuestas desde el poder.
y a ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.
lunes, 20 de abril de 2026
¿Qué llevó a los transerranos de 1774 a rebelarse?
En este tramo, mientras nos preparamos para conmemorar los 252 años de la firma del Pacto de los Chañares, surgen preguntas que nos invitan a interpretar la decisión de aquellos aguerridos pobladores de la campaña que se atrevieron a rebelarse.
Pero antes, es necesario detenernos en una cuestión clave:
¿Fue una revolución, un levantamiento, una sublevación o una revuelta?
Al adentrarnos en la historia de la conquista y la colonización, encontramos numerosos episodios en el Virreinato del Perú caracterizados por el desafío al orden establecido. De allí surgen términos como levantamiento, rebelión y revolución, que si bien suelen usarse como sinónimos, no significan exactamente lo mismo.
La diferencia radica en su alcance y objetivo:
— El levantamiento o alzamiento es una protesta espontánea y localizada.
— La rebelión implica organización y oposición directa a la autoridad.
— La revolución busca un cambio profundo y estructural del sistema social, político o económico.
A partir de esta distinción, podemos observar que a comienzos de marzo de 1774 se registraron los primeros incidentes vinculados al rechazo del nuevo Cura y Vicario. Con el correr de los días, el conflicto se intensificó hasta que, ya organizados, en los primeros días de abril los pobladores se rebelaron.
Tomaron prisionero, en primer lugar, al Maestre de Campo. El Cabildo reaccionó enviando el 14 de abril a Ordóñez como mediador para sofocar la contienda. Desde el 23 de abril se sucedieron intercambios de mensajes escritos. Ante la falta de respuesta, tomaron prisionero al Juez Pedáneo, hasta que finalmente el acuerdo se concretó el 28 de abril.
Sin embargo, el Cabildo rechazó dicho pacto y envió al ejército. El 22 de julio fue destituido el Sargento Quevedo junto a sus pares, quienes iniciaron un nuevo intento: llegar a Córdoba para hacer oír su voz. El 5 de agosto arribaron a La Tablada y, dos días después, cuando un grupo se presentó ante el Cabildo, fueron apresados los principales líderes de la sublevación.
A partir de entonces, el levantamiento quedó desarticulado y cayó en el olvido hasta mediados del siglo XX, cuando fue recuperado por el importante trabajo de Barrionuevo Imposti. Con el tiempo, este hecho fue abordado por diversos historiadores, entre ellos Ana Inés Punta, Eduardo R. Saguier, Raquel Maggi y Gladys Acevedo, entre otros.
Llegados a este punto, los invitamos a retomar la pregunta inicial y a construir sus propias interpretaciones.
Para profundizar en este acontecimiento histórico transerrano, pueden solicitar el trabajo de Gladys Acevedo, donde también se analiza su repercusión en Ischilín.
y a ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.
