| Fotomural. Artista plástico Juan Danna, Ceramista Juan Villasegura. Capilla de Villa de Pocho |
En entregas anteriores focalicé varios aspectos, en este caso me gustaría explayarme en el término El Común, el cual no nace en un único momento ni con un solo significado, sino que tiene una raíz larga dentro del mundo hispano y europeo.
Según los relatos de Barrionuevo Imposti fue el Maestre de Campo José de Isasa quien propuso a la gente de entonces la autodenominación que los identificaría en la contienda. Pero este termino
·
¿Lo creó Isasa o lo trajo de otro modelo que estaba en proceso de transformación?
· ¿“El Común” era realmente todo el pueblo o solo una parte que se arrogaba su representación?
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¿Es un concepto inclusivo o también excluyente (quiénes quedaban afuera: indígenas, esclavizados, mujeres)?
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¿Es una categoría espontánea o heredada de tradiciones políticas europeas?
· Cuando se invoca “el común”, ¿se describe una realidad o se construye un discurso de poder?
Para intentar responder a estos interrogantes, me parece interesante recorrer tres líneas que se entrecruzan:
- El “común” como comunidad
En castellano antiguo, el común se refiere simplemente al conjunto de vecinos, al pueblo llano, a quienes no forman parte de las élites (nobleza, autoridades coloniales, etc.). Es decir: el común como sujeto colectivo , como “los de abajo” organizados o no.
22 2. Tradición política hispánica
Desde la Edad Media aparecen expresiones como “procuradores del común” o “bien común” . Aquí el término ya tiene una carga política: el común no es solo la gente, sino un cuerpo con intereses legítimos que pueden ser defendidos frente al poder.
La historia nos permite recordar antecedentes que marcan el proceso:
- Las Comunidades de Castilla (1520-1522, siglo XVI) → los “comuneros”. En este caso predomina la idea de que el poder debe responder al bien común y no solo a la autoridad.
- La Revolución de los Comuneros (Paraguay 1721-1735 ) expresada a través de movimientos locales donde el común se levantó frente a abusos de autoridades
Observamos que este término ya no es solo una categoría social: se convierte en identidad política y forma de legitimación . Es el pueblo que se reconoce con derecho a actuar.
Este habría sido el mensaje que dio Isasa - según Barrionuevo Imposti - a la gente del Curato de Traslasierra, ellos como pueblo tenían derecho a reclamar, por supuesto actuando como un solo miembro. Los hechos dan cuenta de lo sucedido.
Lo cierto es que desde las Comunidades de Castilla en el siglo XVI hasta los movimientos comuneros en América, El Común
aparece como una forma de identidad colectiva que legitima la acción frente a lo que se percibe como injusticia.
Ahora bien, respondiendo a las preguntas del comienzo, todo indica que el término puesto en consideración no solo describe una realidad social, sino que también la construye, la nombra y le otorga sentido en momentos de tensión y transformación.
Desde esta perspectiva, Barrionuevo Imposti introduce una matiz que complejiza la interpretación: sostiene que fue el Maestre de Campo José de Isasa quien instigó a los pobladores a rebelarse, induciéndolos incluso a asumirse como El Común. .
Esta mirada desplaza el eje desde una acción espontánea del pueblo hacia una posible conducción interesada, donde la categoría no emergería de manera genuina sino como parte de una estrategia. Sin embargo, aun si se acepta esta hipótesis, cabe preguntarse si una denominación impuesta puede sostenerse sin algún grado de reconocimiento por parte de quienes la encarnan.
¿Puede alguien asumirse como común sin compartir, al menos en parte, los motivos de la acción? Tal vez, más que anularse, ambas dimensiones —la incitación y la apropiación— conviven en un mismo proceso, invitándonos a pensar que los sujetos históricos no solo son movilizados, sino que también reinterpretan, resignifican y hacen propia la palabra que los nombra.
En este cruce de miradas, la pregunta permanece abierta y vigente:
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¿Fue El Común una voz auténtica del pueblo o una construcción inducida en un contexto de disputa?
· ¿Hasta qué punto las comunidades actúan por sí mismas y hasta qué punto son guiadas por intereses que las exceden?
Tal vez la clave no esté en elegir una única respuesta, sino en reconocer que la historia se teje en esas zonas de tensión, donde las palabras —como El Común— no solo nombran a los sujetos, sino que también los convocan, los moldean y los ponen en movimiento.
Y es allí, en ese espacio entre la voz propia y la voz inducida, donde se vuelve necesario detenernos a pensar qué decisiones seguimos tomando hoy, como comunidad, cuando creemos hablar en nombre de todos los demás.
| La revolución comunera de Córdoba de 1774. Barrionuevo Imposti, página 55 |
ya ser parte de esta memoria que sigue latiendo en nuestro territorio.

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