viernes, 8 de mayo de 2015

LA PALABRA DE EUGENIO CALDERÓN, DESCENDIENTE DE UNO DE LOS PROTAGONISTAS DE LA SUBLEVACIÓN DE "EL COMÚN"


Eugenio Calderón Benítez, viajó desde Buenos Aires para compartir este nuevo aniversario. Nos dejó sus vivencias y el caudal de conocimientos adquiridos a través de sus investigaciones. 
¡Gracias Eugenio!

Estimados vecinos, amigos y familiares

Es para mi un orgullo estar presente en esta conmemoración.

Como cordobés descendiente directo de pochano, transité en mi niñez y adolescencia el increíble paisaje serrano del viaje entre Córdoba y la Pampa de Pocho y aprendí a querer esta tierra a través de los afectos familiares más profundos.
Mi abuelo Román Calderón fue un referente, y en mi imaginación infantil una especie de súper hombre a caballo, una cita a la epopeya, un cazador de leones y un hombre íntegro. De grande comprobé que no sólo era una idea.  

De vacaciones por algún pueblo de La Rioja, paraba en la quinta de un hombre hosco, de pocas palabras, pero cuando se enteró que tenía  familia en Pocho dijo que él era nacido en Las Palmas, y cuando le conté quien era mi abuelo, en forma muy serena me contestó - Señor, si Ud. es nieto de Don Román, considere esta casa como suya y dígame en qué le puedo servir -.

Unos años antes nos habíamos embarcado con un primo en un viaje “a dedo”, de Córdoba a la Pampa de Pocho, a través de Los Gigantes, travesía que quedará grabada para toda mi vida. En lo alto de la sierra hicimos parada en Dos Arroyos, donde otros parientes nos brindaron las comodidades para poder pasar una noche brava. Al día siguiente reanudamos y llegamos sanos y salvos, luego de pasar por la requisa policial, de atravesar la niebla cerrada de Los Gigantes, de la soledad de la sierra y la amistad bien brindada de sus habitantes.

Toda esta experiencia fue madurando en una suerte de añoranza de lo no perdido, de lo apropiado pero nunca obtenido, en una idealización de vivencias poco habituales para un chico de la ciudad, historias de vizcachas, leones y cacerías, de volcanes y lagunas, de duelos y peleas, de hombres con armas en el cinto, de una mina de mica abandonada y un arroyo capaz de desaparecer bajo la arena y reaparecer de a tramos más adelante, de un sótano sombrío, frío y húmedo, abarrotado de objetos desconocidos, del agua que mágicamente brotaba de un pozo en la piedra, en medio de la Pampa.

Pampa que fue sinónimo de aventura, de libertad, de pasar el día de la huerta a la mina y del arroyo a las vizcacheras, sinónimo de comidas familiares y reuniones dónde la tradición verbal se mantenía intacta, donde los temores se conjuraban con los cuentos de terror nocturnos, sinónimo de carneada brutal y ritual, de una vida más natural y despojada de la tecnología ciudadana.

Es así que fui conociendo algunas leyendas, cuentos y dichos de la región, a través de mis tíos y de los vecinos de la zona.

Luego del fallecimiento de Don Román, mi padre rescató una vieja caja con papeles más viejos aún, que valoró muchísimo y que pasó a ser una especie de reliquia.

Era un archivo familiar que generación tras generación fue creciendo con datos de los que nacieron en Pocho, de sus bienes y las transacciones que hicieron.
El contenido de la caja me fascinó desde un primer momento, hubo tiempo para alguna lectura y para reconocer a mis antepasados. Pero fue mucho después, luego de haber migrado a Buenos Aires cuando nació en mi la necesidad de hacer un recorrido genealógico y documentar los datos de la familia.  No fue un rayo que me iluminó ni una idea repentina, no. Fue un proceso que maduró la  idea.

Esa caja contenía datos de unos 170 familiares, desde Don Francisco Calderón que nació a fines del siglo 17 y en 1746 compraba sus tierras en la Pampa de Pocho, hasta los registros de mi abuelo Román. Luego de unos años y con la ayuda de varios genealogistas, amigos y familiares, la investigación alcanzó a relacionar a 3.700 personas, teniendo como rama principal a la familia que generó Don Francisco a su llegada a Traslasierra.

Desde el punto de vista de quien ha recorrido la historia familiar, a partir de su  asentamiento en Mogigasta, el evento Comunero de 1774 adquiere una dimensión de gesta, pero a la vez tiene la dimensión humana de lo familiar. En ese mismo año que Don Francisco compraba sus tierras, Doña Flora Brizuela, debe haber iniciado la construcción de la nueva capilla, epicentro del común. Doña Laurencia Pereyra, hija adoptiva de Doña Flora casaba con Joseph Mariano, hijo de Don Francisco. El francés Juan Pedro Perales llegaba para construir la capilla y para quedarse en Mogigasta, casándose con una nieta de Don Francisco. También se incorporaron al escenario pochano, entre otros: Don Joaquín de Güemes Campero, primo del padre del General Martín de Güemes y Don Carlos Soria proveniente de La Rioja, quien se casaría con Josefa Calderón, otra de las hijas de Don Francisco.

El documento de familia más antiguo data del 23 de Agosto de 1770 y es el testamento de Doña Laurencia Pereyra, la hija de Doña Flora Brizuela, viuda ya, quien creía estar cerca de su muerte, hecho que ocurre recién 11 años más tarde, un error de cálculo que sirvió para que tengamos una idea de qué pasaba unos pocos años antes de la gesta comunera.

En ese documento están sus palabras, describiendo sus convicciones religiosas, la familia que tuvo y la vocación de dejar en claro su legado material, preparar sus exequias y hasta reservar dinero para las misas que se deberían decir en su honor.
Entre los testigos del testamento firmaron: Don Enrique de Olmedo, cuyo hijo Domingo de Olmedo era yerno de Doña Laurencia y el Capitán Don Eugenio Heredia, también yerno de Doña Laurencia, tres de los principales comuneros. Faltaban cuatro años para la gesta del común pero los lazos familiares ya estaban sellados.

La historia no ha registrado el nombre de todos los valientes, pero estoy seguro que a la cita no faltó ningún pochano. Los movimientos se sucedieron luego en Ischilín unos meses más tarde,  en La Rioja y  Catamarca en 1781, y en conjunto con otros similares, formaron un preludio libertario que conjugado con los cambios geopolíticos del siglo siguiente, desembocaron en la Revolución de 1810. Esta experiencia de organización y lucha se trasladó a todos los descendientes …, influenciando a las siguientes generaciones.

Como testimonio están los hechos que transformaron el ámbito académico de la Ciudad de Córdoba en 1918, conocidos como “La Reforma Universitaria”. El manifiesto reformista parece tomar los principios del pacto de 1774 cuando dice:

“... acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica.”

y sosteniendo que:
“el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes

Protagonistas e ideólogos de esa reforma fueron, entre otros transerranos, los hermanos Orgaz, octava generación de los descendientes de Francisco Calderón.  Los tiempos siguieron su marcha y la semilla sembrada por aquellos valientes dio sus frutos en otras gestas libertarias.

                                                                                 Muchas gracias.
Eugenio Calderón Benítez
2 de Mayo de 2015

Además, gentilmente compartió estas imágenes provenientes de su archivo personal, testimonios irrefutables de nuestro pasado.
Portada del libro de Bautismos de Pocho 1765.

Mapa de la región de Martín De Moussy 1810-1869Añadir leyenda

Ruinas del Oratorio de Yerbabuena - propiedad de Joaquín de Güemes Campero

Firma de Juan Pedro Perales - alarife de la Capilla de Pocho y vecino de Mogigasta.

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