sábado, 9 de mayo de 2015

LA PALABRA DE ISABEL LAGGE PRESENTANDO SU NOVELA "TERRITORIO DE CONQUISTA"

Al cierre de la jornada, las banderas flameando con el viento frío de la pampa pochana, Isabel Lagger tomó la palabra. Fue un momento de silencio respetuoso, con el espíritu expectante, pues el público esperaba la entrega de la novela inspirada en esta tierra del oeste cordobés.
Así se expresó la escritora:
Hace un año me presenté aquí gracias a la invitación de Compromiso Pochano, Las Voces del Común y Bibliotecas Rurales Argentinas para recordar algo que había sucedido en este lugar.
Hace un año, en un conmovedor encuentro, todos juntos cantamos el Himno Nacional, izamos la bandera, recibimos la visita de alumnos de distintos niveles y miembros de distintas agrupaciones gauchas, como así también del señor juez de paz,  y por supuesto, de una multitud de vecinos que saludaba alborozada a sus héroes olvidados. Y hasta bailamos nuestras danzas.
Hace un año conté una historia recién desempolvada que algunos acababan de descubrir.
Hace un año dije que tenía escrita una novela sobre el tema y que esperaba que la editorial la vistiera de libro.
Hace un año prometí que vendría a presentarla en este mismo lugar, y en eso estoy.
Es increíble cómo una chispa encendida hace once años con un artículo periodístico se convirtió en compromiso pochano. Por eso renuevo mi emoción esta tarde, auxiliada con apuntes, para de no olvidar detalles sustanciales que me gustaría sean bien resguardados.
Mi novela, como toda novela, tiene personajes reales y personajes imaginarios pero todos son creíbles porque contribuyen a darle veracidad a su trama. Podría describirles a Tomás Batalla o a su madre, Rosalía, o al indio Pastor Bustos, o al hermano Nicolás pero prefiero destacar a quienes dejaron sus apellidos grabados a fuego en esta región luego del movimiento que se dio en llamar “la Revolución del Común”: Basilio Quevedo, Cipriano Hurtado de Lara, Bartolomé y Manuel Gallardo, José Cuello, Francisco Rivarola, Bernardo Urquijo, Luis Arana, Mateo Cejas, Inocencio Villafañe, Pedro Juan Balla, Domingo Olmedo, Ignacio Nuñez y Eugenio Heredia. Y sé que estoy dejando de lado otra lista tanto o más importante en el anonimato.
¿Por qué menciono a esos pocos entonces? Porque comienzo al revés, desde el final, desde el momento en que ellos soportaron el encierro y malos tratos durante más de un año antes de que se dispusiera su destino, su condición de mártires.
Mártires entre los comuneros.
“La historia la escriben los que ganan” dice una canción, y así debe ser nomás porque esta historia quedó sepultada durante mucho pero mucho tiempo pero, por simple cuestión de justicia, hoy está tan viva que tiene ganas de renacer.
Y ustedes tienen la palabra.
Hace 241 años un puñado de vecinos obtuvo un triunfo incomparable al firmar el llamado “Pacto de los Chañares”. El primer documento jurídico pre revolucionario que se conoce. Anterior a muchos acontecimientos que nos cuenta la historia patria. Ese Pacto se selló gracias a la valentía de los abuelos de sus abuelos y fue rubricado por una autoridad virreinal que venía a sofocar al movimiento revolucionario en marcha.
¿Qué pedían esos viejos vecinos?
-       Que se fueran las autoridades coloniales, representadas entonces por un maestre de campo y un juez pedáneo.
-       Que no enviaran nuevos maestres de campo ni jueces.
-       Que no querían a ningún hombre europeo ejerciendo cargos públicos.
-       Que les entregaran las armas pagadas durante años, sin nunca recibirlas.
-       Que las familias de las autoridades coloniales debían abandonar la región en un plazo determinado.
-       Que los comuneros designarían a sus jefes y la renovación de cargos se haría periódicamente según criterio general.
-       Y, dato sumamente importante, que si debían ser sancionados por la sublevación iniciada que se los incluyera a todos, porque juntos habían formado lo que se llamó “el común” y era “el común” responsable por todos.
¿Imaginan lo que significó aquello en 1774? ¿El grado de valor que debieron demostrar esos hombres para imponerse a un gigantesco virreinato de instituciones corruptas y mal administradas?
Un logro incomparable.

Claro, dirán ustedes, la ilusión duró poco. No puedo negarles razón pero así y todo, ellos abrieron una brecha antes que otros pueblos; y resulta injusto que los libros de historia argentina no incluyan estos acontecimientos entre sus páginas. Asignatura pendiente que algún día se corregirá.
Se han realizado gestiones para enmendar el error, hemos escrito esta novela, se hizo ruido en las redes sociales y en los medios de comunicación sobre el tema, rubricado por este acto que fue organizado por sangre joven, sinónimo de presencia actual y garantía de futuro. Porque como la gota que horada la piedra con su persistencia, estoy convencida de que seguirán tratando el tema cuantas veces lo crean necesario para sumar nuevas voces, que tal vez ahora suenen bajito todavía pero un día se volverá clamor y nadie olvidará a los comuneros de Traslasierra. Y entonces, ustedes en primer lugar, y los argentinos en general, habremos cumplido con la cuota de responsabilidad que debíamos asumir.
Yo les entrego una novela y una serie infinita de puntos suspensivos que ustedes llenarán como mejor le parezca.

Muchas gracias. 
Isabel Lagger
Escritora

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